Enormes dones llueven de las influencias celestiales en los
cuerpos humanos muchas veces naturalmente; y sobrenaturales a veces,
de forma extraordinaria, mezclándose en un cuerpo únicamente
la belleza, la gracia y la virtud, de tal manera, que
por todas partes se ve a este, muy divino, que al dejar detrás a todos los
demás hombres, manifiestamente se conoce (que es) obra de Dios, y no
adquirida por arte humano. Esto lo vieron los hombres en Leonardo que además,
de la belleza del cuerpo, no alabado nunca bastante,
tenia una gracia mas que infinita en cualquiera de
sus acciones; y mucha virtud, que por todas partes el espíritu volvió en las
cosas difíciles, que con facilidad los revolvía. Tubo una gran fuerza, habilidad,
espíritu y valor, siempre leal
y magnánimo. Y la fama de su nombre se corrió, que
no solamente en su tiempo fue querido, mucho mas a posteriori después de muerto.
Y realmente el cielo nos envía algunas veces a quien
no representa solo a la humanidad, sino a la misma divinidad para que
como modelo en sus acciones, al imitarlo, podamos acercarnos
con el espíritu y con la excelencia del intelecto a
las partes de las sumas del cielo. Y para experiencia se ve en estos,
que en algún estudio accidental intentan seguir los rastros, que estos,
de maravilloso espíritu, si ellos lo son, y de la naturaleza son ayudados,
cuando ellos mismo no son, al menos se acercan sus divinas obras, que participan
de esa divinidad.
Admirado y celestial fue Leonardo, sobrino ser de Piero de Vinci, que realmente
buen tío y padre fue, (en la
"giuntina"
>> de 1568 lo cita como padre, es
generalmente aceptado que fué hijo ilegítimo)
en ayudarlo en juventud, tanto en erudición
como en la enseñanza de las letras, las cuales le habrían proporcionados grandes
beneficios, de no ser muy voluble e inestable. Se puso a enterarse de muchas
cosas y, comenzadas, a continuación las abandonaba. En pocos meses que estudió
el ábaco, hizo tanto progreso, que al moverse continuamente en las dudas puso
en dificultad al maestro que le enseñaba, y a menudo lo confundía. Dichoso,
puso manos a la obra en la música, él resolvió aprender
a tocar la lira, pero como al que le da la naturaleza un espíritu elevado
muy lleno de gracia, cantaba divinamente improvisando.
Aunque tuviera distintas cosas esperando, no dejó nunca de dibujar y hacer
relieve, de las cosas que le iban a la cabeza con una imaginación mas que
ningún otro. Visto esto por Ser Piero, y considerado
la subida de ese talento, tomando un día algunos de sus proyectos, los llevó
a Andrea del Verrocchio, que era muy amigo suyo, y le rogó que le dijera de
Leonardo, si se podría esperar con dedicación al dibujo, algún beneficio.
Estupefacto quedó Andrea en ver el enorme principio de Leonardo, y reconfortó
a Ser Piero recomendándole que Leonardo debía ir a su taller. Leonardo lo
hizo de buen grado además de método. Y no solamente él ejerció esa profesión,
sino todas las aquéllas allí donde el dibujo intervenía. Y teniendo un intelecto
muy divino y maravilloso, y al ser un buenísimo geómetra, no solamente impulsó
en la escultura y en la arquitectura, pero la profesión suya quiso que fuera
la pintura. Mostró la naturaleza en las acciones de Leonardo tanto talento,
que sus razonamientos hacían callar a los científicos con razones naturales.
Fue listo y sutil, y con un perfecto arte de persuasión mostraba la complejidad
de su talento, que en las cosas de números hacían mover los montes, extraía
los pesos, y entre otras palabras mostraba poder elevar el templo de San Giovanni
de Florencia y ponerle escaleras, sin arruinarlo, y con fuertes razonamientos
los convencía, que parecía posible, aunque cada uno, a continuación de
que él se había ido, conocía incluso para así la imposibilidad de emprenderlo.
Era muy agradable en la conversación, con la que se ganaba los espíritus de
la gente. Y sin tener, puede decirse, nada y trabajando, de continuo poco,
tuvo sirvientes y caballos, los cuáles gustaba, y particularmente,
otros muchos animales, que con gran paciencia domesticaba y controlaba. A
menudo, de paso de lugares donde se vendían pájaros, de su mano los sacaba
de la jaula y pagando a quien los vendía el precio que le pedían, los echaba
a volar, volviéndolos a la perdida libertad. La naturaleza le favoreció mucho,
que por todas partes donde tuvo el pensamiento, el cerebro y el espíritu,
mostró tanta divinidad en las cosas, que en la deuda de perfección, de prontitud,
vivacidad, bondad, belleza y gracia, ningún otro nunca le igualó.
Se encuentra que Leonardo para la inteligencia del arte comienza muchas
cosas que nunca termina, pareciéndole que la mano no podía añadir mas perfección
a las cosas, que imaginaba, con esto, ideaba tales
dificultades, que con las manos, aún que ellas fueran muy excelentes, no sabrían
expresarlo nunca. Y muchos fueron sus caprichos, que filosofando de las cosas
naturales, llegó a entender las propiedades de las hierbas, siguió y observó
el movimiento del cielo, el curso de la luna y las marchas del Sol. Para uno
que hizo del espíritu conceptos heréticos, que no se acercaba a ninguna religión,
considerando por aventura mucho mas ser filósofo que cristiano.
Gracias a Ser Piero su tío, en su juventud estudió el arte con Andrea
del Verocchio, el cual haciendo una tabla dónde San Juan bautizaba a Cristo,
Leonardo trabajó un ángel, que tenía algunas prendas de vestir; (Uffici
8358, los expertos creen que también pinto los paisajes de fondo)
y aunque era adolescente, lo llevó de tal manera, que mejor que las
figuras de Andrea era el ángel de Leonardo. Que fue causa que Andrea nunca
mas quiso pintar, indignado de que un niño sabía mas que él. Estuvo trabajando,
para un tapiz, que se tenía que hacer en hilo de oro y seda tejida, para enviar
al Rey de Portugal, en un cartón de Adán y Eva, cuando en el Paraíso terrestre
pecan: dónde con el pincel Leonardo hizo un claroscuro, con albayalde, con
un prado de hierbas infinitas y algunos animales, que en verdad pueden decirse
que en diligencia y espontaneidad, del mundo divino talento para hacerlo no
pueda haber similar.
En el hay una higuera con las hojas y las vistas de las ramas pintadas
en escorzo, llevado con tanto amor, que el talento en él se esfuma solamente
en pensar como un hombre pueda tener tanta paciencia. Hay también una palmera,
que tiene la redondez de las ruedas de la palmera trabajadas con gran arte
y maravilla, que otro que no fuera Leonardo no podía hacerlo con paciencia
y talento. El trabajo no se hizo. Y el cartón está hoy en Florencia en el
feliz museo del Espléndido Ottaviano de Médicis, a quien se lo dio no hace
mucho, el tío de Leonardo. Se Dice que Ser Piero de Vinci tío de Leonardo,
estando en la casa, doméstica de su campesino, quien de un tronco por él cortado
de su mano, muy contento y de buen grado había hecho una rodela. Siendo muy
práctico el villano en los pájaros y en la pesca, y sirviéndose en gran parte
Ser Piero de él, para estos ejercicios, le pidió,
que se la hicieran pintar en Florencia, sin decir a Leonardo de quien era,
le dijo que pintara algo en ella. Leonardo, la tomó un día entre las manos
esta rodela, y viendo que estaba mal trabajada y torcida la enderezó con el
fuego, y diósela a un tornero, que, la rehizo en forma delicada y alisada.
Y tras enyesarla y acondicionarla con un método suyo, comienzó a pensar
lo que podía pintar sobre ella, hasta que asustara a quien tuviera delante,
representando el efecto de cabeza de Medusa. Llevó pues Leonardo para este
efecto a su habitación, donde entraba solamente él,
luciérnagas, lagartijas, grillos, serpientes, mariposas, y otros extraños
y similares animales: de la multitud junta combinada y adaptada saco un animal
muy horrible y espantoso, el cual envenenaba con el aliento y hacía el aire
de fuego. Lo representó saliendo de una piedra oscura y rota, bufando veneno
de la garganta abierta, con fuego de los ojos y humo en la nariz tan extraña,
que parecía monstruosa y horrible. Y sufrió haciéndola en esta habitación
por el olor de los animales muertos demasiado intenso, que Leonardo casi no
sentía, para poder llevarlo al arte. Terminada esta obra, que ya olvidada
estaba del villano y del tío, Leonardo le dice que a toda su conveniencia
enviaran por la rodela, que por su parte estaba terminada. Ido pues Ser Piero
una mañana a la habitación por la rodela y llamando a la puerta, a Leonardo
le abrió, diciendo que esperara un poco; volvió de
nuevo a la habitación con la rodela y la puso a la luz en sobre un caballete
en la ventana, que hacía deslumbrar, y a continuación lo hizo pasar a verlo.
Ser Piero primero espero, no pensando en la cosa, súbitamente sacudido, no
creyendo que aquélla era rodela, ni pintura figurada lo que
se veía en ella. Y al volver con el paso atrás, Leonardo lo tuvo, diciendo:
"Esta obra sirve para lo que se hizo: cogezla pues y lleváosla, este
es el fin, que las obras esperan". Pareció le esta cosa mas que milagrosa
a Ser Piero, y alabó en gran parte el caprichoso discurso de Leonardo; a continuación
compró a un mercader otra rodela pintada con un corazón traspasado por una
flecha, la cual ofreció al villano que le estuvo agradecidísimo siempre mientras
que vivió. Ser Piero vendió secretamente la de Leonardo en Florencia a unos
mercaderes, por cien ducados. Y en seguidamente llegó a las manos de Francesco
Duque de Milán, vendida en trescientos ducados de los provechosos mercaderes.
Pintó a continuación Leonardo a Nuestra Señora en un marco, que estaba
según el Papá Clemente VII, muy excelente. Y entre
las otras cosas que había hecho, pintó una garrafa llena de agua con algunas
flores en, dónde otra maravilla de realidad, imitaba el rocío de agua, que
parecía de verdad. A Antonio Segni, su amigo, pinto en una hoja un Neptuno
dibujado con tanta diligencia, que parecía enteramente vivo. Se veía el mar
perturbado y el carro tirado de caballitos de mar con las
quimeras, y conocidas cabezas de dioses marinos muy bonitas. ofreció Fabio
su hijo Giovanni Gaddi, este dibujo con este epigrama:
PINXIT VIRGILIVS
NEPTVNVM, PINXIT HOMERVS
DVM MARIS VNDISONI PER VADA FLECTIT EQVOS.
MENTE QVIDEM VATES ILLVM CONSPEXIT VTERQVE
VINCIVS AST OCULIS, IVREQVE VINCIT EOS.
Se condujo a Milán con gran reputación a Leonardo ante el Duque Francesco,
el cual se divertía mucho con el sonido de la lira, para tocar: y Leonardo
llevó un instrumento, que tenía fabricado por el mismo de plata una gran parte,
para que la armonía principal fuera mas sonora y con mayor timbre. Sobrepasó
a todos los músicos, que habían concursado; También fue el mejor improvisador
de rimas recitadas de su tiempo. Sintiendo el duque los razonamientos tan
maravillosos de Leonardo, se enamoró de sus virtudes increíblemente. Y rogándole,
le hizo pintar una tabla de altar, con una Natividad que se envió del duque
al emperador. Hizo en Milán para los monjes de San Domenico en Santa María
de las Gracias una última cena, una obra muy bonita y maravillosa, y a las
cabezas de los Apóstoles dio tanta majestad y belleza, que la de Cristo la
dejó inacabada, no pensando poder dar esta divinidad celestial, que se imagina
de Cristo. El trabajo, permanece sin terminar, Los Milaneses le tienen mucha
veneración , y los forasteros también quieren saber lo que Leonardo imaginó,
donde se expresa esa sospecha que tenían los Apóstoles, de traición a su Maestro.
Se los ve en la cara el amor, el miedo y el desprecio, el desdén y el dolor,
de no comprender el espíritu de Cristo. Es una maravilla, donde se conoce
y se ve la obstinación, el odio y la traición de Judas. Cada mínima parte
de la obra muestra un increíble diligencia, incluso el mantel se pinta el
tejido de lino, de una manera que lo enseña incluso mejor que de verdad. La
nobleza de esta pintura, por la composición, o por la diligencia, llamó al
deseo del Rey de Francia de llevarla a su reino, como un arquitecto, ideó
que con armazones de traviesas de madera y hierros, que se lo habría llevado
seguro; sin considerar en gasto si se hubiera podido hacer, por lo mucho que
lo deseaba. Pero al hacerse en pared, hizo que Su Majestad se llevara solo
el deseo, y que la obra permaneciese en Milán. Mientras realizaba esta obra
propuso al duque que hiciera a un caballo de bronce de maravilloso tamaño,
en memoria del duque con su imagen. Y tan enorme él lo comienza que no pudieron
acabarlo nunca. Es la opinión que Leonardo, como en otras cosas suyas lo hacía,
lo comenzaba para no terminarlo; porque, siendo de tal tamaño y queriendo
hacerlo de una pieza, el comienzo tenía ya la dificultad de concluirlo. Vino
en ese tiempo a Milán el rey de Francia; siendo rogado
Leonardo hacer a algo bizarro, hizo un león, que caminó muchos pasos, y a
continuación se abrió el pecho todo lleno de flores de lis. Tomó en Milán
a Salaí Milanés para su recreo, que era muy elegante en gracia y hermoso,
teniendo bonitos cabellos, anillados y rizos y con el que Leonardo se divirtió
mucho; y le enseñó muchas cosas del arte, y algunos trabajos que en Milán
se dice que son de Salaí, fueron retocados por Leonardo.
Volvió de nuevo a Florencia, donde encontró que los monjes que sirven
tenían encargado a Filipino en las obras de
la tabla del altar principal de la Anunciación;
Leonardo dijo que de buen grado habría hecho él
la obra. Filipino oído eso, como agradable persona que era, se retiró; y los
monjes le llevaron la tabla para que la terminara, pagando los gastos a él
y a su familia. Y estuvo largo tiempo, pero nunca la comenzó. Hizo
un cartón de Nuestra Señora y una Santa Ana, con un
Cristo, que también les pareció maravilloso a todos los autores, una vez terminada,
en la habitación estuvo expuesta dos días para verlo los hombres y las mujeres,
jóvenes y los viejos, como se va a las fiestas solemnes, para ver las maravillas
de Leonardo, que hicieron asombrar a todo este pueblo. Porque se veía en la
cara de Nuestra Señora todo lo que de simple y de belleza puede con simplicidad
y belleza dar gracias una madre de Cristo; queriendo poner de manifiesto esta
modestia y esta humildad muy contenta y alegre de ver de la belleza de su
hijo, que con ternura sostenía en su regazo; y mientras que que con muy honesta
mirada hacia bajo reconocía a un san Juan niño que se iba jugando con un cordero,
no sin una sonrisa de Santa Ana quien, plena de felicidad, veía a los suyos
terrenales haberse convertido en celestiales. Consideraciones realmente del
intelecto y talento de Leonardo. Retrató a Ginevra
de Americo Benci, obra muy bonita; y abandonó el trabajo de los monjes, que
lo volvieron de nuevo a Filipino, al que le sobrevino
la muerte no pudiendo terminarlo. Leonardo pinta para Francesco del Giocondo
el retrato de Mona Lisa su mujer; y después de cuatro años lo dejó inacabado,
este trabajo lo tiene hoy el Rey Francesco de Francia en Fontanable; en el
cuál prueba en quien quiera ver, en cuánto el arte puede imitar la naturaleza,
en él se pueden ver incluidos todos los detalles mínimos y sutiles que se
pueden pintar con finura. Los ojos tienen ese lustre y este brillo que
continuamente está en los vivos, y en torno a ellos están estos rosáceos
tibios y los pelos que el supo hacer, con enorme finura. El las cejas parecen
nacer los pelos en la carne, a veces mas, otras menos y
vueltos según los poros de la carne, no pueden ser mas naturales. La
nariz, con todas las aquéllas bonitas aperturas rosáceas y tiernas, se veía
como viva. La boca, con su hendidura fina unida del rojo de la boca con la
encarnación de la cara, que colores que parecían realmente como carne. En
la fuente de la garganta, si se observaba con atención, se ve latir
el pulso: y en la verdad se puede decir que fuese pintada de una manera que
debe hace temblar y temer a cada vigoroso autor sea cuál sea. Mona Lisa
era muy bonita, mientras la retrataba, había gente que tocaba y cantaba, y
continuamente bufones que la hacían estar alegre, para no llevar esa
melancolía que suele tener a menudo la pintura de los retratos. Y en este
de Leonardo había un gesto muy agradable era mas divino que humano
a verlo, y se tenía como una obra maravillosa, por no ser diferentemente
del natural.
Por la excelencia de las obras de este muy divino autor, había aumentado
el renombre, que todas las personas que se divertían del arte, y
al contrario, y la misma ciudad entera deseaba
dejar alguna memoria. Y se razonaba para encargarle alguna notable y gran
obra, donde se adornaba y se honraba lo publico de
tanto talento, la gracia y el juicio, cuánto en las cosas de Leonardo se conocía.
Y entre los grandes gonfalonieri (aprox. concejal)
y los ciudadanos se decidió que, en la nueva gran sala de Consejo, debía
tener alguna bella obra; cuando Piero Soderini Gonfaloniere entonces
de justicia, le encargó dicha sala. Para llevarlo a cavo Leonardo, comienza
un cartón para la sala del papá, sita en Santa María Novella, con la historia
de Niccolò Piccinino oficial del Duque Filippo de Milán, en el cual dibujó
caballos que combatían por una bandera, cosa muy excelente y de gran maestría,
por las admirables consideraciones que tuvo en hacer en esta fuga. En ella
se conoce la rabia, el desprecio y la venganza de los hombres como de los
caballos; hay dos, que se trenzaron con las patas delanteras, con gesto de
venganza con los dientes que hacen que aumente el combate
por la bandera, apresada por las manos de un soldado, mientras con
la fuerza de los hombros, pone al caballo en fuga, vuelto con el cuerpo, agarrado
a el asta del estandarte, para deslizarlo a la fuerza de las manos de otros
cuatro, que dos lo defienden con una mano cada uno, y otra en aire con las
espadas intentan cortar el asta; mientras que un soldado
viejo con un gorro rojo al gritar tiene una mano en el asta, y con el otro
un alfanje e intenta cortar de un golpe las dos manos a los, que con
fuerza apretando los dientes, intentan con muy orgullosa aptitud defender
su bandera; En tierra entre las piernas de los caballos hay dos figuras en
escorzo, que combaten, mientras que uno en tierra tiene encima un soldado,
quien eleva el brazo cuanto puede, con fuerza para
clavar en la garganta el puñal, para matarlo, mientras con las piernas
y forcejeando con los brazos, lo que puede para no morir. No puede expresarse
los dibujos que Leonardo hizo en las prendas de vestir de los soldados, muy
variados; igual que las cimeras y los otros adornos, y con la maestría
increíble que mostró en las formas y los alineamientos de los caballos: de
los cuáles Leonardo nadie mejor que otro maestro pintó, la bravura, los músculos
y elegante belleza. La anatomía en escorzo la dibujó junto con la de
los hombres, y una y otros redujo a la verdadera luz moderna. Se dice que
para dibujar el cartón hizo un andamio muy ingenioso,
que apretándolo, se elevaba, y al ampliarlo, se reducía. Quiso colorear la
pared al óleo, e hizo una composición de una mezcla para encolar la pared,
que mientras pintaba en dicha sala, comenzó a chorrear, de manera que tuvo
que abandonar la pintura. (La
pintura fue cubierta en esperaba que él u otro artista se decidieran
un día a terminarla. En 1557 se remodeló el Salón, el mismísimo Vasari
fué quien tapó el fresco inacabado y lo sustituyó por el suyo con la misma
Batalla, luego se comprende la pormenorizada descripción,
la imagen del cartón al que hace referencia >>,
ver la una posible descripción de Leonardo
>>).
Tenía
Leonardo un enorme espíritu y en sus acciones era muy generoso. Se Dice que
al ir a la banca para cobrar la mensualidad, que Piero Soderini le tenía asignada,
el cajero le quiso pagar con monedas pequeñas y los devolvió respondiéndole:
"no soy pintor de cuatro cuartos".Fue acusado
de estafa, y Piero Soderini murmuró contra él; pero Leonardo hizo
tanto con los amigos, que reunió los dineros y los entregó para devolver,
pero Pietro no se los quiso aceptar.
Fue
a Roma con el Duque Giuliano de Médicis en la designación del Papá León, que
apreciaba las cosas filosóficas, y sobre todo la alquimia, mientras
caminaba con pasta de cera hacía animales muy ligeros llenos de viento,
los cuales al soplar, les hacía volar por el aire;
pero cesando el viento, caían en la tierra. A un lagarto espléndido, encontrado
en el jardín del Mirador, (jardines Belvedere)
le puso escamas de otros lagartos, y unas alas
pegadas con mezcla de plata que al moverse cuando caminaba temblaban; le pegó
ojos, cuernos y barbas, y lo domesticó y lo tenía en una caja,
que a todos los amigos a los que mostraba, por miedo huían. Solía
coger minúsculas tripas y vejigas, y las hacia tan pequeñas que cabían
en la palma de una mano. Y había puesto en otra habitación fuelles de
herrería, a los cuales ponía la vejiga, al inflarlas, llenaba la habitación,
que era muy grande, donde era necesario echarse atrás arrinconándose, mostrando
las transparencias llenas de viento, blandas y pequeñas en principio,
de llegar a ocuparlo todo, él lo comparaba con la virtud.
Hizo infinitas de estas locuras, y estudió los espejos; e intentó modalidades
muy extrañas en aceites para pintar y barnices para mantener las obras hechas.
Se dice que le fue encargado una obra del Papa,
y que rápidamente comenzó a destilar aceites y hierbas para hacer el
barniz; por lo que se dijo el Papa
Leon: "Dios me ampare, no sirve para hacer
nada, comienza a pensar al final antes que el principio de la obra".
Existía un gran desprecio entre Miguel Angel Buonaruoti y él; por lo que partió
de Florencia Miguel Angel para competir, con el permiso del Duque Giuliano,
fue llamado por el papá para la fachada de San Lorenzo. Leonardo en persona
que supo de esto, partió y fue a Francia, donde el rey que tenía obras suyas,
le tenía mucho afecto, y deseaba que coloreara el cartón de Santa
Ana; pero él, según su costumbre, lo tuvo gran tiempo en palabras. Finalmente
venido a viejo, estuvo muchos meses enfermo; y al verse
cerca de la muerte, discutiendo de cosas católicas, volvió de nuevo
a buen camino, se convirtió a la fe cristiana con muchas lágrimas. Luego
confeso y se arrepintió, así bien es no podía tenerse en pié, sostenido en
los brazos de sus amigos quiso tomar el muy santo Sacramento.
El rey que a menudo y afectuosamente le tenía costumbre de visitar; reverente
se sentó sobre la cama, y le contó el mal suyo y en cuanto había ofendido
no obstante a Dios y los hombres de mundo, no impulsando el arte como se convenía.
Le sobrevino un paroxismo mensajero de la muerte. El rey intentó ayudarlo
colocándole la cabeza y el el espíritu suyo, que muy divino era, en
conociendo no poder tener principal honor, expiró en brazos del rey, a la
edad de LXXV (75).
La pérdida de Leonardo fue mucha para todos estos que le habían conocido,
porque fue persona que dió mucho honor a la pintura. Él, con el esplendor
del aire suyo, que muy bello, levantaba cada espíritu triste, y con las palabras
volvía cualquier intención en contra. Él con sus fuerzas paraba violencias
y furias; y con la derecha torcía el eslabón de muralla y la herradura
de un caballo, como si fueran plomo. Con liberalidad recogía y daba
posada a amigos pobres y ricos, con tal que tuvieran talento y virtud.
Adornaba y honraba con cada acción suya una desnuda habitación;
Florencia recibió un enorme don al nacer Leonardo, y una pérdida infinita
en su muerte. En el arte de la pintura añadió a la manera de colorear al aceite
una determinada oscuridad; con la que dieron
los modernos gran fuerza y relieve a sus figuras. Y en la escultura hizo pruebas
en las tres figuras de bronce que están sobre la puerta de San Giovanni de
la parte de tramontana, hechas por Giovan Francesco Rustici pero con aconsejo
de Leonardo, que es el mas bonito vaciado en dibujo y perfección que
modernamente se a visto. De Leonardo tenemos la anatomía de caballos
y de los hombres mucho mas perfecta. Por tanto así
divino, aún que mucho mas se impulsaba con las palabras que con los
hechos, el nombre y el renombre suyo no se apagará ya nunca. Para eso dice
en su epitafio:
El a todos vence solo,
vence a Fidias vence a Apeles,
y aún a todos los demás victoriosos
y
en otro aún, para verdaderamente honrarlo dice:
LEONARDVS VINCIVS. QVID PLVRA?
DIVINVM INGENIVM, DIVINA MANVS,
EMORI IN SINV REGIO MERVERE.
VIRTVS ET FORTVNA HOC MONVMENTVM
CONTINGERE GRAVISS[IMIS] IMPENSIS CVRAVERVNT.
ET GENTEM ET PATRIAM NOSCIS; TIBI GLORIA ET INGENS
NOTA EST: HAC TEGITVR NAM LEONARDVS HVMO.
PERSPICVAS PICTVRAE VMBRAS OLEOQVE COLORES
ILLIVS ANTE ALIOS DOCTA MANVS POSVIT.
IMPRIMERE ILLE HOMINVM, DIVVM QVOQVE CORPORA IN AERE
ET PICTIS ANIMAM FINGERE NOVIT EQVIS.
Leonardo da vinci ¿que mas?, divino talento, divinas manos, que ha merecido
muerte en brazos reales, virtud y fortuna levantaron este monumento caro,
gente y patria gloria hacen del reposo de Leonardo, su sabia mano introdujo
sombras en la pintura y color en el óleo, experto en bronce en cuerpos de
hombres y dioses, y pintando caballos
Fue discípulo de Leonardo, Giovanantonio
Boltraffio Milanese, persona muy practica y experta; como Marco Uggioni,
en Santa Maria de la Paz hizo el Transito de Nuestra Señora y las bodas de
Canaan en Galilea.