Vittore Scarpaccia
y otros pintores Venecianos
Se conoce de la experiencia que cuando los artistas nuestros comienzan
en una provincia, les siguen muchos otros después, y en un tiempo incluso
infinitos, que la profesión misma ejercen por rivalidad imitándose entre
ellos y por dependencia de sus maestros que han sido excelentes en el
arte, defendiendo cada uno él suyo, en todas las modalidades que ellos
saben y pueden. Pero son muchos dependiendo de uno sólo, rápidamente cuando
ellos se dividen, o por el tiempo o por la muerte, se divide la voluntad;
en el querer parecer cada uno el maestro, pretendiendo mostrar el valor
suyo, como hicieron en Venecia Vittore Scarpaccia, Vincenzio Cadena, Giovan
Battista de Conigliano, Giovannetto Cordelliaghi, Marco Basarini, el Montagnana,
todos venecianos, y con dependencia de las maneras de Giovan Bellino.
De los cuáles Vittore como más
aventurado, en la escuela de Santa Úrsula de San Juan y Pablo de
Venecia, tuvo que hacer muchas de las historias en tela y al temple, de
la vida que hizo esta santa hasta su muerte (#,#);
los trabajos que supo llevar bien
con el valor del otro, que con esto adquirió nombre, y tanto que si no
está entre las cumbres y grandes talentos, al menos de válido
y práctico maestro. Que fue causa, segundo dicen los más,
que la nación milanesa le hizo hacer en los monjes Menores una tabla en
su capilla, con San Ambrosio y otras infinitas figuras (#
es de Marco Basaiti
y Alvisi Vivarini).
Hubo una gran competición mientras que vivió entre él y Vincenzio Cadena, el cual entro otras pinturas que hizo en su tiempo pintó, muchos retratos del natural, y entre otros hizo uno de un alemán, persona honorable que en su tiempo vivía en el Fondaco (perdido en el incendio del museo de Berlin 1945); vivamente pintado, que lo hizo entrar en gran consideración, porque no pensaron que daría tanto.
Donde Giovan Batista de Conigliano, discípulo de Giovan Bellino, animado de tales ejemplos, y no queriendo ser menor que ellos, hizo muchas obras de pintura en Venecia, que le dieron renombre y valor. Y particularmente hay cosas suyas en el convento del Corpus Domini de Venecia, un San Benito y otros santos y un niño afinando las cuerdas de un laúd (#).
Marco Bassarini tuvo él aún en este tiempo buen nombre en la pintura. Trabajó en Venecia en San Francisco de la Vigna una tabla, y dentro la deposición de la cruz. Aunque nacido en Venecia, sus padres eran griegos, residentes allí.
Estuvo al mismo tiempo Giannetto Cordelliaghi tenido buen pintor, suave y delicado, que hizo mucho cuadros para adorno de las habitaciones y muchas otras pinturas.
Buscó igualarle el Montagnana, que pintó en Venecia, e hizo en Padua en Santa María de MonteOrtone un tabla en la iglesia.
Entre éstos estuvo Simón Blanco escultor florentino, que había elegido para vivir Venecia, y donde hizo continuamente algo, y determinadas cabezas de mármol enviadas a Francia con mercaderes venecianos. Y hubo aún Talio Lombardo, muy práctico tallista.
Siendo en esta provincia
y en Lombardía muchos pintores y escultores, de los cuáles por no haber
visto muchas grandes cosas, no relataré las vidas, sino para poner
de manifiesto que no me he olvidado, sucintamente los trataré. No porque
no se sepa de su principio, la mitad y final de ellos, sino porque tratar
de quien no se murió o no hizo benificio y honor a los miembros, no me
parece que merezca el pago. Digo que en Lombardía fueron excelente escultores: Bartolomeo
Clemento Reggio y Agostino Busto ; y en talla Iacopo d´Avanzo milanés
y Gasparo y Girolamo Misuroni. Y que en Brescia ejercía el arte
Vincenzio Verchio, práctico y válido en trabajar al fresco,
quien por las hermosas obras suyas adquirió
enorme nombre en Brescia su patria. Que de igual manera hizo Girolamo
Romanino muy experto y buen y dibujante, como abiertamente se ve en las
obras hechas de él, en Brescia y en muchas millas alrededor. Y no menos
que éstos, al contrario, les paso, Alejandro Moretto, muy delicado con
los colores y muy diligente, como abiertamente se ve en sus limpias y
bien trabajadas obras. En Verona también florece la pintura a lo
largo de tiempo, por lo que ya hice mención de Stefano en la vida de Agnolo
Gaddi, y dan fe, de como se pudo hacer en los tiempos de los señores
de la Scala, muy bonitas pinturas hechas de Aldigieri de Zevio pintor
muy práctico y audaz; de su mano se ve aún la sala del Palacio del Podestà,
conducida con una fuerza muy grande. Ya en los tiempos nuestros destaca
algo el color de Francesco Caroto y el Maestro Zeno Veronese que en Arimini
trabajó la tabla de San Marino y otras dos más con mucha diligencia.
Pero quien ha sobresalido ante los
demás en todas partes haciendo maravillosamente figuras de natural,
es el Moro Veronés que se llama Francesco Turbido, como se ve hoy
en Venecia en casa de Monseñor de Martini, se trata de un retrato de un
gentilhombre de Ca Badovaro figurando él como pastor que por muy vivo,
no tiene parangón que se sepa de lo hecho en estas partes, y
otras obras que se saben. Lo sigue Battista d´Ángelo que en su género,
lo supera en color, dibujo y en una diligencia muy grande. Pero porque
unos aún viven y harán quizá cosas mucho mejores, otra pluma y
juicio mejor que este, los volverá a elogiar en lo que no supe
darme cuenta, dando solo un paseo de esta manera. En
que ni me he ocupado dónde o cuando se mueren o por qué de sus
muertes, ni si ganaron mucho; esperando que estuvieran satisfechos con
la buena convivencia en esta provincia, pues en ella les a parecido vivir
y morir.