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Obras de Antonello

Antonello da Messina

Pintor

Biografía de : "las vidas de los mas excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos desde Cimabue a nuestros tiempos", descritas por Giorgio Vasari, Edición Torrentina de 1550

Al considerar las distintas calidades y útiles beneficios aportados al arte de la pintura por los excelentes talentos que siguieron en esta segunda manera, juzgo por sus hechos que fueron realmente industriosos y valientes. Pues buscaron de continuo mejorar el grado del arte, sin pensar en penalidades de ellos mismos o muy grandes gastos. Muchos ardían en el deseo de buscar algo que añadir en la pintura, alguna otra cosa, otros la perfección del dibujo, mejorando en mucho ello. Y porque no se empleaba entonces sobre las tablas y sobre las telas, otro coloreado que el temple, tomado en el 1250 de Cimabue y este de los Griegos, y seguido de Giotto y otros artistas hasta este tiempo, deseaban encontrar algo mejor, que al parecer de ellos, faltaba morbidezza y vivacidad, buscando más fuerza en el dibujo y más matices en el color, y sobre todo facilidad en mezclar los colores juntos, pues hasta aquí se empleaba para perfilar las obras solamente la punta de pincel. Buscaron tal cosa, sin embargo no lo habían encontrado, ni con barniz líquido, ni con aceites mezclados al temple, como probó Alesso Baldovinetti y Pesello y muchos otros, que no encontraban en la obra la belleza y la bondad que habían imaginado. Faltaba un método, para fijar las pinturas en tabla, como se hacía en las paredes al fresco, sin estropear el color, y que por los golpes no se rompieran al manejarlas; como habían discutido los artistas en las reuniones. Era este mismo deseo no solamente en Italia, entre todos los mas elevados talentos que ejercían la pintura, también en Francia, en España, Alemania, y en otras provincias y por todas partes donde el arte vivía en aprecio.

Se produjo en este tiempo que al ejercer en Flandes Juan de Brujas, (Jan van Eyck) pintor muy considerado en todos los países por la buena práctica y maestría que había adquirido con el trabajo y el estudio, y con frecuente imaginación que de continuo enriquecía el arte, se produjo, dicen, mientras que pretendía encontrar distintas suertes de colores, divirtiéndose mucho con la alquimia, y exudando continuamente los aceites para hacer barnices y distintas suerte de cosas, a las que tiene hábito llegar a las personas sofistas, que tuvo un día que barnizar un cuadro único, como se acostumbra en las tablas; y cosas barnizadas y sacándolas a que se sequen al sol, y debió darle mucho este calor, o que la madera estuviera mal, o no estaba bien envejecida, resultando que se abrió las comisuras acrecentándose. Donde visto Juan el daño que le había hecho el sol, deliberó que nunca mas los expondría; y que no aportaba menos problema el barniz que trabajar al temple. Comenzó a pensar en encontrar una suerte de barniz que secase a la sombra, sin poner al sol sus pinturas; y con la experiencia diversa de las cosas, puras y mezcladas, al final encontró que el aceite de semilla de lino y de nueces, entre los muchos que probaron, eran los que más secaban de todos los otros. Después de hervidos con otras mezclas, hizo el barniz que deseaba. Y experimentando además con muchas cosas, vino a mezclar los colores con estas suertes de aceites que le daba un temple duro, y seco no temía ni el agua siendo impermeable; y por otro lado encendía mucho el color, y le aportaba lustre sin necesidad de barniz; y lo maravilloso es que se unía mejor el temple. Alegrose pues Juan como era justo; y dando principio al como debe aplicarse, con su trabajo, vino a terminar hoy una cosa y mañana otra, de manera que se aseguró la experiencia, y llegó a hacer obras principales; que vistas por los artistas de su país, fueron muy alabadas. Y extendidas por Flandes y por Italia y por todas las partes del mundo, agregándole renombre inmortal; y máxime con el nuevo invento del color de Juan. Porque al ver las obras suyas, y no saber lo que empleaba, no se esforzaban solamente en encargarlo, sino en celebrarlo cuánto se podía. Y tanto mas, cuánto no se le veía nunca trabajar, no enseñando a ningún autor este secreto. Pero cuando había llegado a viejo, le dió la gracia a Rugiero de Brujas (Rogier van der Weyden) su pupilo a quien Juan le tenía aprecio, y este se lo enseñó a Hans, (Hans Memling) su discípulo, y a los otros que ya dije en el capítulo XXI (leer>>) dónde se razonó de colorear al óleo en las cosas de la pintura, Muchos que comerciaban mercancías en Flandes con diversas naciones, mandaban las obras suyas para contentarlos a distintos príncipes, los cuales estimaban mucho, por el elogio que le daban los artistas al verlas, por la belleza de este invento que Juan había encontrado. Los Italianos buscaron entre los pintores que vivían entonces, que óleo o mezcla fuera aquélla; que tenía un olor agudo cuando se hacían los colores y aquéllos aceites mezclados, que parecía posible poderlo encontrar. Pero nadie lo halló nunca, hasta que le enviaron algunos negociantes florentinos que tenían asuntos en Nápoles y estaban en Flandes, al Rey Alfonso I, un tabla con muchas figuras trabajadas al óleo de mano de Juan; y que viéndola le gustó mucho al rey, tomándola sumo aprecio, por la belleza de las figuras y por la novedad de esta invención de color, por lo cual todo el reino se movió, para ver esta maravilla.

Había pasado en Roma muchos años en su juventud Antonello de Mesina, quien al tener buen talento, ser despierto y muy sagaz en estos menesteres, había hecho buen provecho en dibujo, y otras cosas; al permanecer muchos años en esa ciudad había adquirido nombre. Regresando a continuación a Palermo donde trabajó muchos años; e hizo cosas en Mesina su patria, donde confirmó con las buenas obras que hizo el buen juicio que tenían en su país de su virtud. En eso que para sus necesidades fue un día de Palermo a Nápoles, y sintió que al Rey Alfonso le había traído de Flandes la tabla de mano de Juan de Brujas, pintada con aceites, que podían lavarse y que resistía los golpes; con un buen dibujo a la manera de este país, y con un bello color; y que el rey tenía en cuenta esta manera de trabajar, y deseó sumamente poder verla. Puestos los medios le condujeron finalmente a esta obra, y él pudo ver tanto la vivacidad de colores así como la belleza y conjunción de la pintura, que dejando de lado cualquier otra cosa, se fue a Flandes. Y llegado a Brujas, tomó gran amistad con Juan, al cuál le hizo presente de muchos proyectos a la manera italiana; y demás de sus cosas, y por ser Juan ya viejo, no se ocupó que Antonello le veía los tratamientos suyos coloreando al óleo, y no partió de este lugar hasta a que habían estudiado excelentemente esta manera de colorear como deseaba. Y mientras dudaba en regresar, Juan murió (en 1441, ¡uf!, Antonello no podía tener más de 15 años), y Antonello volvió a Italia deseando revisar esta útil fórmula para su patria, y llegado a Venecia, por ser persona muy dedicada a placeres y en todo Venéreo, que le agradaba esta manera de vivir, resuelve vivir en aquélla ciudad; y les hizo muchos cuadros, coloreados al óleo que de Flandes había aprendido, que se extienden por muchas casas de los hombres nobles, los cuales por ser novedad de este trabajo le consideraron mucho. Del mismo modo hizo otra suerte de trabajos, que fueron enviados a diversos lugares. Al final al tener gran renombre, se le hizo el encargo de un tabla para San Cassano,(#) parroquia de esta ciudad; La tabla fue pintada por Antonello con toda su industria y arte sin escatimar tiempo y trabajo, y que por la novedad del color y la belleza de las figuras, que se hicieron con un buen dibujo, fue comentada mucho y se tiene en gran aprecio, y mucho mas por haberlo llevado a cabo en secreto. Obteniendo todo tipo de regalos y grandes honores del Senado mientras que permaneció allí.

En la ciudad entonces entre los más excelente pintores estaba Domenico Veneziano (este murió en 1461, lo cual denota ya, todo un entresijo vasariano, podemos tomarlo como una aproximación en el trasvase del conocimiento de la técnica del óleo, que no es del todo imposible), que hizo a Antonello en su nombre delicados honores y cortesías, como a un principal amigo del que gusta; Aunque Antonello resistió las cortesías de Domenico, después de muchos meses le enseñó al secreto de pintar al óleo; el cual estuvo muy contento y obteniendo honra en Venecia, y no pasando demasiado tiempo lo llevaron a Florencia los que en Venecia cuidaban los asuntos mercantiles de los Portinari, para trabajar la capilla de Santa María Novella, construida por ellos, como se dirá en la vida de Andrea del Castagno; a continuación Domenico le enseñó a Andrea, y él a todos los discípulos suyos, extendiéndose por toda Italia. Pero volviendo a Antonello que permaneció en Venecia, siguió después de la obra de San Cassano haciendo mucho retratos del natural a mas personas; y ya le habían encargado de la Soberanía para el palacio algunas historias para trabajarlas en la sala del consejo, las cuales no quisieron nunca dar, pese a los ruegos del viejo marqués de Mantua, a Francesco de Monsignore, por quien fue él aprovisionado, haciéndole muchas obras en Mantua, y trabajos en Verona su patria. Bien es cierto que Antonello no pudo empezarlas, aún que había hecho los cartones, porque cayendo enfermo de mal del pecho, a la edad de 49 años pasó a mejor vida (1479 en Messina). Y sumamente le honraron en las exequias los artistas, por el regalo que los había hecho de la nueva manera de colorear, como da prueba este epitafio:

D(atur) O(mnibus) M(ori) ANTONIVS PICTOR PRAECIPVVM MESSANE SVAE y SICILIAE TOTIVS ORNAMENTVM HAC HVMO CONTEGITVR NON SOLVM SVIS PICTVRIS IN QVIBVS SINGVLARE ARTIFICIVM y VENVSTAS FVIT SED y QVOD COLORIBVS OLEO MISCENDIS SPLENDOREM y PERPyVITATEM PRIMVS ITALICAE PICTVRAE CONTVLIT SVMMO SEMPER ARTIFICVM STVDIO CELEBRATVS.

aprox. Todos hemos de morir, Antonio pintor principal gloria de su Messina y de toda Sicilia, no solo por sus pinturas de singular habilidad y belleza, con el color del óleo fue el primero en dar esplendor en Italia a la pintura, siempre los grandes artistas lo celebrarán.

Afligió la muerte de Antonello a muchos amigos, y particularmente a Andrea Riccio escultor, que en Venecia en el tribunal del palacio de la Signoria había trabajado el mármol de dos estatuas desnudas de Adán y Eva, (Es, de: Antonio Riccio.# Una nota con A.Riccio en manos de un tipógrafo arriesgado puede convertirse en Andrea Riccio) bella obra. Este no faltó de tenerle afecto y de recordarle después de muerto, como no había dejado en vida de alabarle cuánto podía. Tal fue el final de Antonello, al cuál deben los artistas nuestros gratitud obligada ciertamente por haber llevado a Italia el óleo, y que tengan en cuenta también a Juan de Brujas que fue quien la inventó en Flandes, habiendo el uno y el otro enriquecido este arte. Porque, por medio de este invento, vinieron a continuación excelentes artistas, que pudieron hacer casi vivir sus figuras, dando nombre a las patrias y honrado y adornado cualquier lugar al que quisieron. La cosa tiene más mérito, cuánto que no se encuentran evidencias escritas de esta manera de colorear en los antiguos. Y si se pudiera saber que no la conocieron ellos, avanzaría también este siglo en excelencia del antiguo en perfección. Pero como no se dice cosa que no se haya dicho, quizás no haya cosas que no hayan sido ya, pero quiero dejar el discurso; alabando sumamente al que otra excelencia además del dibujo, añade siempre al arte algo. Esperando quedo de escribir de los otros.

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